Aunque no todas las personas que tienen algún contacto con drogas tienen necesariamente problemas, hay determinadas situaciones que pueden dar a pensar que su consumo se está escapando de las manos:

  • Cuando el consumo de drogas está produciendo un malestar en la vida de la persona (problemas con la gente de los alrededores, ausencias en el trabajo, en la escuela, etc.).
  • Se relaciona menos con la gente a causa del consumo y hace menos actividades.
  • Sus relaciones con la gente casi siempre tienen que ver con el consumo.
  • Ha tenido algún problema legal relacionado con la droga. Como por ejemplo, una sanción administrativa por consumo en un espacio público.
  • A menudo tiene conductas de riesgo cuando está bajo los efectos de la droga: conducir un vehículo, mantener relaciones sexuales sin protección, etc.
  • Cada vez necesita más cantidad para conseguir el mismo efecto.
  • Tiene que consumir para disminuir los efectos adversos.
  • A veces desea y se esfuerza para dejar de consumir.
  • A pesar de todo esto, continua consumiendo, aunque tiene consciencia de las consecuencias físicas y mentales que tiene sobre su salud.

Tomar bebidas alcohólicas puede ser agradable si se hace con moderación, pero beber demasiado puede comportar problemas graves.

Se considera beber demasiado cualquier consumo de alcohol que incremente el riesgo de sufrir consecuencias negativas (físicas, psicológicas o sociales), a corto o largo plazo. También cuando se cumple alguna de las siguientes condiciones:

  • Cuando se alcanzan los límites de riesgo, calculados en unidades de bebida estándar (UBE), establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
  • Cuando la persona tiene problemas que se pueden agravar con el alcohol, ya sean físicos (hepatitis, gastritis, diabetes), psíquicos (depresión, ansiedad, falta de memoria) o sociales (conflictos familiares, bajo rendimiento laboral).
  • Cuando se bebe en circunstancias en las cuales está contraindicado (menores de 16 años, embarazadas o madres lactantes, conducción, ciertos medicamentos, trabajos en alturas, manejo de herramientas o maquinaria).
  • Cuando se necesita beber para relacionarse con los otros o para afrontar dificultades personales.

 

Cuando una persona pierde el control sobre la sustancia y se siente incapaz de evitar o moderar el consumo, y esto afecta de manera importante en sus relaciones y actividades habituales, quizás es el momento de plantearse buscar ayuda de un profesional.

El consumo habitual de drogas puede comportar que se sufra:

  • Dependencia, también conocida como adicción. Se produce cuando la persona no puede dejar de consumir una droga, aunque sea consciente del daño que le está haciendo. Las sustancias inyectadas, fumadas o inhaladas (como el tabaco, el cannabis, la cocaína o la heroína), suelen hacer aparecer la adicción más rápidamente.
  • Síndrome de abstinencia. Se produce cuando se reduce o se interrumpe el consumo de una droga de la cual se tiene dependencia y aparecen síntomas físicos (sudores, temblores, náuseas) y mentales (desazón, insomnio, irritabilidad) causados por este cambio de hábito. Las características y la gravedad del síndrome de abstinencia varían en función de cada sustancia.
  • Tolerancia. Se produce cuando el cuerpo de la persona que abusa del consumo de alguna droga se acaba acostumbrando a la presencia de esta sustancia. Esto hace que disminuya el efecto de la droga con la dosis habitual. Para conseguir los mismos efectos que se obtenían con dosis más pequeñas, hay que aumentar la cantidad de droga con el riesgo que comporta.
 
Fecha de actualización:  06.02.2017